Wednesday, January 29, 2014

La bañadera de Tatra

La empresa checoslovaca Tatra ofrecía en 1930 el Tatra 23 un ómnibus abiertocon una capacidad de 20 a 25 asientos. Para acceder a las diferentes plazas había varias puertas laterales.

Tatra 23 ómnibus abierto para unas 25 personas de 1930.


El Tatra 23 era movido por un motor de cuatro cilindros en línea de una cilindrada de 7.480 centímetros cúbicos con una potencia de 65 HP y un consumo de 30 a 40 litros de combustible cada 100 kilómetrosrecorridos. Su velocidad máxima era de 55 kilómetrospor hora.

La ilustración nos muestra un modelo de ómnibus fabricado para la empresa de viajes ĈEDOK. Nombre que se encuentra pintado en sus laterales. En la parte posterior del Tatra 23 estaba plegada la lona que servía para proteger a los pasajeros en caso de lluvia. El chasis era de una estructura tubular central que permitía diferentes variantes de carrocería para ómnibus. Además tenía suspensión independiente, con semiejes, en su eje trasero.

La ilustraciónpertenece a un folleto con la historia de los automóviles fabricados por la empresa Tatra.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Tuesday, January 28, 2014

Benz patenta su velocípedo

Karl Benz patentó un 29 de enero de 1886 su Velocípedo(Velociped) y con esto inició una nueva era en la historia del transporte en el planeta. Había nacido el automóvil.

Velocípedo de Karl Benz de 1886, considerado el primer automóvil de la historia.


La verdad que junto a Gottlieb Daimlerson los padres del automóvil. Ambos, alemanes ellos, trabajaron en forma simultánea sin conocerse en el desarrollo de motores con el ciclo Otto.

Este primer triciclo de Benz tenía un motor monocilíndrico de 980 centímetros cúbicos y una potencia de 0,9 CV a 500 revoluciones por minuto. Su peso era de 230 kilogramos y podía lograr una velocidad cercana a los 15 kilómetros por hora.

La patente número 37.435 fue la que llevó el Velocípedo de Benz que usaba como carburante Ligroin, un combustible líquido de fácil vaporización. El diámetro del cilindro era de 150 milímetros y la carrera del pistón de 70 milímetros.

La biela y el cigüeñal trabajaban al descubierto para lograr un mejor enfriamiento de esas piezas mecánicas. La lubricación era por engrasadora ubicada en las zonas más delicadas del conjunto mecánico.

Este triciclo puede considerarse el primer automóvil de la historia, aunque no tenga cuatro ruedas. La industria automotriz comenzaba a dar sus primeros pasos a finales del siglo XIX. Lo demás es historia conocida.

La fotografía del Velocípedo de Benzfue tomada de la Enciclopedia Salvat del Automóvil, Volumen 2, España, 1974.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Rambler Classic Custom 660 1965

La línea Rambler, que fabricaba IKA (Industrias Kaiser Argentina SA), presenta una nueva versión en 1965. No solo era un cambio de carrocería sino que estaban equipados con un nuevo motor: el Tornado Jet. Motor de 6 cilindros en línea con 230 pulgadas cúbicas de cilindrada (3.770 centímetroscúbicos) y una potencia de 145 HP SAE. Este motor no solo equipaba la línea Rambler sino también la pick-up Jeep Gladiador Super. Hoy vemos la ficha técnica del Rambler Classic Custom 660 de 1965 que fuera probado por la revista Automundo a manos del periodista Miguel Ángel Barrau. Ya volveremos sobre esta prueba realizada a lo largo de diferentes provincias de Argentina.



Marca: Rambler  Modelo: Classic Custom 660  Año: 1965
Motor: naftero  Ubicación: delantero  Marca: Tornado Jet OHC 230
Cilindros: 6 en línea  Cilindrada: 3770 cm3
Diámetro: 84,937 mmCarrera: 111,12 mm.
Potencia: 145 HP SAE / 142 CV DIN  RPM: 0.000  Compresión:8,5:1
Tracción: trasera  Caja de velocidades: 3 marchas adelante y retroceso. 2ª y 3ª eran sincronizadas
Suspensión delantera: independiente con trapecio articulado con resortes helicoidales y amortiguadores hidráulicos de doble efecto
Suspensión trasera: eje rígido con tubo de empuje con barra Panhard, resortes helicoidales y amortiguadores hidráulicos de doble efecto
Frenos delanteros: a tambor autocentrantes. Opcional freno a disco con servofreno  Frenos traseros: a tambor autocentrantes
Neumáticos: 7,75 x 15 de 4 telas
Dimensiones: Largo: 4976 mm.  Ancho: 1892 mm.  Alto: 1420 mm.
Distancia entre ejes: 2845 mm.  Trocha delantera: 1488 mm.
Trocha trasera: 1471 mmDespeje: 180 mm.  Plazas: 5/6
Peso aproximado: 1541 kgVelocidad máxima: 164 Km/h

Autor: Mauricio Uldane
Escaneo: Viejas Automundo
Fuente: revista Automundo


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Monday, January 27, 2014

Lancia Fulvia 2C, una berlina italiana

La empresa Lancia & Co., Fabbrica Automobili Torino SpA (Societa per Azione) presentó a finales de 1965 el Lancia Fulvia 2Ccon una mayor potencia para sus 1.100 centímetroscúbicos.

Lancia Fulvia 2C de 1965. La foto es una gentileza de Viejas Automundo.


El Fulvia 2Cvenía con dos carburadores Solex C32 PHH, ambos de doble cuerpo, una mayor compresión de 9:1, un nuevo colector de aspiración y un filtro de aceite más accesible para su mantenimiento.

El embrague, ahora, era por medio de un cable y la caja presentaba unas nuevas relaciones de marchas de acuerdo al aumento de la potencia, que había sido incrementada en 11 HP. Así el Fulvia 2C erogaba una potencia de 71 HP CUNA (Comisión Unificadora Normalizadota Autovehículos) esta norma era de origen italiano.

Tablero del Lancia Fulvia 2C de 1965. La foto es una gentileza de Viejas Automundo.

La velocidad máxima era de 145 kilómetros por hora y su consumo de 8,3 litros cada 100 kilómetrosrecorridos según norma CUNA. El motor era de cuatro cilindros en línea de 1.091 centímetroscúbicos con tracción delantera. Según la prueba publicada en la revista Automundo se lograron 147,967 kilómetros por hora de promedio.

La suspensión delantera era independientecon brazos triangulares transversales, travesaño superior transversal, amortiguadores hidráulicos y barra estabilizadora transversal. La suspensión trasera era por eje rígido con barra de fijación, elásticos semielípticos longitudinales y amortiguadores hidráulicos.

La parte central del tablero, del Lancia Fulvia 2C de 1965, se podía volcar.
La foto es una gentileza de
 Viejas Automundo.

Los frenos eran a disco en las cuatro ruedasy el comando era hidráulico mediante una bomba con tanque de alimentación separada. El freno de mano era mecánico con accionamiento sobre las ruedas traseras.

Una particularidad del Lancia Fulvia 2Cera que su tablero central, donde estaban varios comandos de interruptores, se podía volcar para acceder a válvulas y fusibles del sistema eléctrico.

Baúl del Lancia Fulvia 2C de 1965. La foto es una gentileza de Viejas Automundo.

La capacidad del Fulvia 2Cera de 5 pasajeros y en la parte delantera tenía butacas individuales. La palanca de velocidades estaba ubicada en la columna de dirección.

Un auto italiano que supo ser parte de una Preguntita del Domingo durante el año pasado en Archivo de autos y la incógnita era descubrir de qué auto era la trompa.

Vano motor del Lancia Fulvia 2C de 1965. La foto es una gentileza de Viejas Automundo.

Las fotos son una gentileza de Viejas Automudo.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Sunday, January 26, 2014

Alberto Gómez y su 404

Tal vez muchos memoriosos recuerdan a Alberto Gómez, en cambio para otros es un desconocido. Hoy veremos como logró transformar un Peugeot 404 en un auto picante.

De izquierda a derecha y de arriba hacia abajo: el motor del Peugeot 404 AG S, Alberto Gómez al mando del 404 y la trompa del 404 AG S. Las fotos son una gentileza de Viejas Automundo.


Alberto Gómez era un técnico aeronáutico que su pasión por las carreras de autos lo llevó a ser su propio preparador mecánico. También piloto de competición supo darles batalla a los Borgward Isabella a finales de los años ’50 en un Peugeot 403 preparado por él.

Así es como llega a transformar un Peugeot 404 en un auto que podía llegar a los 180 kilómetrospor hora. Claro que para lograr esto había que meter mano en el motor de cuatro cilindros en línea del 404, pero conservando las medidas originales.

Tanto la cilindrada de 1.618 centímetros cúbicos como el diámetro de los cilindros, de 84 milímetros, y la carrera del pistón, de 73 milímetros, no eran modificadas. Si se cambiaban los pistones por unos más livianos y resistentes que los originales de fábrica. También las válvulas de admisión y escape tenían mayor diámetro.

El tablero del Peugeot 404 AG S de 1965. La foto es una gentileza de Viejas Automundo.

Las válvulas de admisión tenían un diámetro de 41 milímetros y su cabeza cóncava. Las de escape con un diámetro de 36 milímetros. El colector de escape era de diseño de Alberto Gómez con dos tubos de descarga de gases de combustión.

La tapa de cilindros era la que usaba el Peugeot 404 S a inyección en Francia. Esta tapa era rellenada por colada para luego trabajar en los conductos de admisión y escape, que recibían la conformación definitiva.

Dos carburadores Weber 40 DCOE eran los encargados de alimentar el motor del 404 AG S, tal la denominación que recibía luego de las transformaciones. El 404 de Alberto Gómez daba 130 HP SAE o 115 CV DIN a 6.500 revoluciones por minuto. La compresión la llevaba a 8,8:1 y Gómez afirmaba que se podía alcanzar los 10:1, si era el gusto del cliente.

El despiece del motor del Peugeot 404 AG S de 1965. La foto es una gentileza de Viejas Automundo.

La caja de velocidades, con palanca al piso, también había recibido un tratamiento para que la caída de revoluciones por minuto no superara las 1.000 vueltas por marcha.

La velocidad crucero estaba estimada en 140 kilómetrospor hora y su velocidad final en 180 kilómetrospor hora. Pero lo interesante de todo el Peugeot 404 AG S era que se lo podía manejar cómodamente en ciudad y en tercera a 1.800 revoluciones por minuto se lo aceleraba sin ningún tironeo.

Esto fue confirmado por el periodista de la revista Automundo, Miguel Ángel Barrau, que tuvo la suerte de manejar un 404 AG S. Volveremos sobre este auto y sus prestaciones.

Las fotos son una gentileza de Viejas Automundo.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Saturday, January 25, 2014

La Preguntita del Domingo

Las señalizaciones de tránsito son casi tan viejas como el automóvil mismo. A medida que aumentó el parque automotor fue necesario ordenar su circulación. Una de esas señales nos servirá para jugar un rato esta semana que se inicia.
La incógnita que deberán responder es la siguiente:


¿Para qué servía la señal de tránsito de la fotografía y en qué país se usó?

No es tan difícil dar con la respuesta correcta. Solo es cuestión de buscar un poco o deducir con lógica la función de la señal. Lo que tendrán que averiguar, sin dudas, es en qué país fue utilizada.
Como siempre les recuerdo no publicar fotos o enlaces con la respuesta correcta. Juguemos y dejemos jugar al resto de los seguidores de Archivo de autos.
La respuesta correcta la pueden dejar hasta las 19 horas del viernes 31 de enero y pueden dejar las respuestas en este mail archivodeautos@gmail.com.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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Dos autos en la playa

Una vacaciones en las playas de Mar de Ajó. Un campamento a orillas del Mar Argentino junto a dos autos y una casa rodante. La segunda parte de un relato en enero de 1986.

La Falcon Rural y el campamento en enero de 1986. La foto fue tomada al amanecer.


Hace poco les conté unas vacaciones que pasé junto a mi familia en las playas de Mar de Ajó en un campamento en compañía de dos autos y una casa rodante. Nuevas anécdotas se suman al relato ya publicado. Las cosas que pasaron en ese enero de 1986. Todas no entraban en una sola publicación. Por eso hoy les termino de contar sucesos de aquél verano en la Costa Atlántica.

Era la primera vez que mi padrino, Oscar, estaba de campamento de la playa. No dudaba de su capacidad de adaptación. Ya que le tocó hacer la colimba en la Marina y se pasó unos cuántos días, en alta mar, a bordo de un barco con la heladera rota y comiendo comida en mal estado.

Pero la playa tiene sus secretos que hay que conocer muy bien. Nosotros con mi familia teníamos, ya, varios veranos acampados en las playas de Mar de Ajó. Conocíamos la geografía y la meteorología del lugar.

Solíamos salir a buscar leña, trozos de madera o bosta de vaca seca, todo lo que sirviera para poder realizar un asado en la playa. Toda una tarea para aquellos que nunca la realizaron. Parece una situación sencilla y fácil, dada la alta temperatura que puede alcanzar la arena de la playa, cuando se calienta por la acción del fuego. Lo cual nos ayuda con la cantidad de leña que utilizaremos para cocinar nuestro asadito. Y porque no unos choricitos que degustaremos a la sombras de nuestras carpas.

Pero el viento puede ser nuestro peor enemigo. Mi padrino en vista del factor viento, que siempre sopla en la playa, se agenció de un horno de cocina que encontramos tirado en los médanos, en una de nuestras incursiones diarias. Ese sería su resguardo para preparar el fuego para el asado. Su arma secreta contra el viento.

A la mañana indicada para hacer el asado, un día espectacular, de temprano el viento soplaba del noroeste. Así armó su resguardo con el viejo horno en su lucha por derrotar al viento playero. “Oscar, mirá que el viento rota con frecuencia” fue mi sabio consejo de experimentado acampante. Con esta velocidad y de donde sopla, el norte, no va a cambiar, me dijo mi padrino.

Como si de un marinero de alta mar se tratara con muchos años de navegación en su haber. En síntesis, durante la cocción del asado, el viento rotó no menos de tres direcciones diferentes. Eso en el término de unas dos horas. Así es la playa.

Pero esa anécdota tiene su continuación. Al degustar el asado y los chorizos, con algo de arena pegada a su piel, y ubicarnos en el ante comedor de la casa rodante, algo más pasó.

En un momento del almuerzo, Sonia, la hija de mis padrinos, dice “los chorizos tienen arena”. Claro que algo tenían, como se disculpó su padre, autor del asado, pero no en la cantidad que presentaba su plato de comida. Resultó que la ventana del ante comedor, al lado de la cual estaba su mesa, no estaba bien cerrada en su borde inferior. El viento que soplaba del noroeste, nuevamente, le había depositado un pequeño médano de arena en el jugo de su ensalada.

A la izquierda se puede ver el Renault 6 arriba del médano en
el campamento en enero de 1986 en las playas de Mar de Ajó.

Dos medios cajones de plástico, de esos que usan para guardar los pescados en los barcos pesqueros, fueron arrojados a la playa por el mar. Con esos dos elementos unidos conformamos una especie de gran bandeja que nos sirvió para acarrear la leña para el asado. Una soga los unió y otra sirvió de medio de arrastre para transportar la leña, trozos de madera y bosta de vaca seca recolectada en los médanos vecinos a la playa.

Esos tres elementos juntados son sirvieron para cocinar el asado a las brazas. Aquellos que han tenido la oportunidad de vivir en el campo sabrán de las bondades ígneas de la bosta de vaca seca. Diríamos que son como “briquetas” ecológicas. Pese al origen espúreo de las mismas.

Esos dos cajones plásticos unidos fueron bautizados como “carrito bostero” y era llevado por nosotros en las incursiones a los médanos en caminatas, de las cuales siempre traíamos bosta de vaca seca. A veces una pila enorme. Resulta que por los médanos, en aquellos años, pastaban vacas, que de vez en cuando solían bajar a la playa a tomar agua salada. Lo hacían a la tardecita o en la noche cuando no había personas en la playa.

 Así fue como una tardecita que volvíamos al campamento y buscando un terreno llano para arrastrar nuestra gran carga de bosta de vaca seca salimos a la playa. Mucho antes de nuestro lugar de residencia en la playa.

Al salir pasamos cerca de una familia que jugaba a la pelota paleta junto a su flamante Peugeot 505, un auto de alta gama y para un público bastante exclusivo en la Argentinade 1986.

Mi padrino empezó a vociferar a grito pelado “a las tortitas negras, a las tortitas negras” ante nuestras risas y la mirada atónita de la familia del 505. Resulta que era la hora del mate y solían pasar vendedores ofreciendo tortitas negras, biscochos y pendorchos por la playa. Los pendorchos los vendía un matrimonio que venía en una Fiat Giardinetta, toda una rareza en la playa y en Argentina.

Muchas personas que pasaban por nuestro campamento habrán pensado para que serviría esa pila de bosta de vaca que estaba ubicada a un lado de nuestro campamento. Era la manera más barata de hacer un rico asado en la playa, siempre y cuando evitáramos la arena en los chorizos. Una forma de aprovechar ecológicamente lo que la naturaleza y las vacas nos proporcionaban.

El 26 de enero es el cumpleaños de mi hermana Alejandra y siempre estábamos de vacaciones, generalmente en las playas de Mar de Ajó. Así que los festejos eran acotados sobretodo si estábamos en el campamento a varios kilómetros de la urbanidad.

Mi hermana de chica a tenido una predilección por las pastas, en especial, las rellenas. Así que ese era su regalo de cumpleaños: pasta rellena, ese 26 de enero de 1986 ravioles de una fábrica de pasta de Mar de Ajó. Su regalo de cumpleaños para festejar sus 15 años. Toda una rareza hoy en día. Sus 15 años en la playa y en un campamento.

Los integrantes del campamento en Mar de Ajó en
enero de 1986 y la torta de cumpleaños de mi hermana.

Algo no falla: ese día hace un calor de infierno en la playa o llueve como si fuera el diluvio de Noé. Ese 26 de enero no fue la excepción a la regla. Tanto calor hacía que no se soportaba el sol a la hora del mediodía. Había que resguardarse bajo la sombra si uno no quería achicharrarse al sol. Encima soplaba viento de dirección norte con tal intensidad que hacía volar la arena seca.

Arena que castigaba sin pudor nuestras piernas. Era una especie de “peeling” natural y gratuito sin la intervención de terceros. La arena seca golpeando las pantorrillas es una de las torturas que se suele padecer en la playa con un intenso ardor en la zona afectada. Agravado por el hecho de estar irritada la piel por el diabólico sol que nos azotaba ese fatídico 26 de enero.

El viento siguió soplando con tanta intensidad a la hora del almuerzo que tuvimos que comer en el ante comedor de la casa rodante con todas las ventanas y puerta cerradas. Así nos dispusimos a degustar la olla de ravioles con salsa que preparó mi madre, Rosa.

Empezamos a comer los ricos ravioles y comenzamos a sudar. Porque a esa altura no transpirábamos como personas, sudábamos como caballos en plena faena rural. Dadas las condiciones internas del ante comedor comprobamos in situ y en persona el efecto invernadero, mucho antes que se habla de este fenómeno climático. Era un hervidero ese ante comedor. La comida, nuestros cuerpos y el implacable sol de enero hicieron una conjunción infernal.

En un momento dado todos dejamos de comer, no podíamos más con el calor, salvo una persona que seguía comiendo como si nada pasase: mi hermana, la que cumplía 15 años. Todos sudábamos y mirábamos como engullía su segundo plato de ravioles. Solo de verla te daba calor. La temperatura en el ante comedor era inaguantable.

Terminamos de comer y salimos en masa, del ante comedor, en busca de un poco de aire fresco, que no conseguimos, pero a la sombra del alero, que estaba armado enfrente se respiraba algo de aire. Ahí nos quedamos un rato a la espera de que esos ravioles, tan cálidos, siguieran el curso de nuestras digestiones.

¡Feliz Cumpleaños hermana!

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos



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